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Cuerpos sintéticos y la economía de la sumisión publicitaria
El desarrollo de la robótica humanoide está tomando un rumbo que abandona la utilidad operativa para convertirse en una estrategia de mercadotecnia fría y calculada. Ya no se busca que estas máquinas limpien almacenes, carguen mercancía pesada o resuelvan problemas complejos de logística, sino que basta con su simple presencia física en una habitación para capturar la mirada de los asistentes y forzarlos a levantar sus teléfonos celulares. Las corporaciones no están invirtiendo dinero en la adquisición de inteligencia artificial avanzada o capacidades motrices revolucionarias, sino en siluetas artificiales con rasgos femeninos diseñadas específicamente para provocar reacciones inmediatas, grabaciones de video espontáneas y campañas de promoción completamente gratuitas en redes sociales.
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Cuerpos sintéticos y la economía de la sumisión publicitaria
El desarrollo de la robótica humanoide está tomando un rumbo que abandona la utilidad operativa para convertirse en una estrategia de mercadotecnia fría y calculada. Ya no se busca que estas máquinas limpien almacenes, carguen mercancía pesada o resuelvan problemas complejos de logística, sino que basta con su simple presencia física en una habitación para capturar la mirada de los asistentes y forzarlos a levantar sus teléfonos celulares. Las corporaciones no están invirtiendo dinero en la adquisición de inteligencia artificial avanzada o capacidades motrices revolucionarias, sino en siluetas artificiales con rasgos femeninos diseñadas específicamente para provocar reacciones inmediatas, grabaciones de video espontáneas y campañas de promoción completamente gratuitas en redes sociales.
Esta tendencia transforma a la figura femenina artificial en una mercancía publicitaria de nueva categoría, la cual ofrece ventajas corporativas insólitas frente a los promotores humanos comunes. Al tratarse de un inventario puramente tecnológico, las empresas disponen de un recurso completamente reutilizable, sometido a un control absoluto de programación y blindado ante cualquier posibilidad de escándalo moral o vergüenza pública que pudiera dañar la reputación de una marca. La estética de la máquina se explota para simular empatía y cercanía, ocultando el hecho de que detrás del diseño no existe el menor rastro de conciencia, sino un algoritmo optimizado para retener la atención de las masas a través del impacto visual.
El alquiler de autómatas como atracciones de entretenimiento nos coloca ante un dilema etico profundo sobre el tipo de sociedad que estamos construyendo con estas tecnologías. Mientras los discursos comerciales insisten en que estas creaciones están destinadas a convertirse en las compañeras ideales o asistentes del futuro, la práctica comercial demuestra que solo se está perfeccionando una economía de la atención mucho más obediente, sumisa y dócil. Al normalizar la presencia de cuerpos sintéticos voluptuosos diseñados para llamar la atención y no cuestionar órdenes, al carecer de derechos y responder con una sonrisa mecánica ante cualquier estímulo, corremos el riesgo de educar nuestra propia empatía para interactuar con un entorno donde la sumisión total se convierte en el nuevo estándar del servicio.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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