¿Sabían que el invento del café instantáneo moderno se originó en Guatemala gracias a los experimentos de un inventor local a principios del siglo XX?
Aunque la planta de café se consume desde hace siglos en distintas presentaciones, la creación de un método efectivo para disolver los granos en agua caliente de manera inmediata ocurrió en el territorio guatemalteco. En 1906, el químico e inventor Federico Lehnhoff, nacido en la Ciudad de Guatemala, observó los residuos secos que quedaban en la boquilla de su cafetera tras dejarla encendida por un tiempo prolongado. Al notar que este polvo deshidratado recuperaba su sabor original al mezclarlo de nuevo con agua hirviendo, comenzó a experimentar en su laboratorio privado junto a su socio Eduardo Talleri.
Tras perfeccionar el proceso de deshidratación al vacío, patentó el descubrimiento bajo el nombre de café soluble refinado. En 1909 fundó la compañía comercial encargada de producir masivamente este polvo bajo la marca comercial Belna, un nombre derivado de los apellidos de las esposas de ambos socios. El producto obtuvo una gran aceptación en los mercados europeos y estadounidenses, llegando a ser una parte indispensable del suministro de raciones secas de alimento para los soldados que combatieron en las trincheras durante la Primera Guerra Mundial.
A pesar de que la inestabilidad económica global tras el conflicto militar de 1914 obligó al cierre de la fábrica original, la base de su desarrollo científico se mantuvo en la industria. Este método de pulverizar y conservar las propiedades químicas del grano sentó los principios fundamentales que las grandes corporaciones de alimentos utilizan hoy a nivel global para distribuir el café soluble en cualquier supermercado del mundo.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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