El intercambio invisible que mueve al mundo
La danza secreta de los electrones que genera energía, oxida metales y mantiene con vida a tu propio cuerpo
Cada vez que enciendes la pantalla de tu teléfono celular, caminas por la calle o simplemente respiras, estás usando el mismo truco de la naturaleza. Se trata de un proceso químico fundamental llamado reacción redox, un nombre corto para la reducción y la oxidación. Aunque suene a laboratorio cerrado, es un evento cotidiano que ocurre a nivel microscópico y consiste, básicamente, en un juego de pasarse la pelota, donde la pelota es un electrón.
En este juego químico participan siempre 2 bandos obligatorios. El primer bando es el elemento que se oxida, lo que significa que pierde electrones durante el proceso. El segundo bando es el elemento que se reduce, lo que significa que gana esos mismos electrones que el otro soltó. Es un trato simultáneo porque los electrones no pueden quedarse flotando en la nada, si u
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La danza secreta de los electrones que genera energía, oxida metales y mantiene con vida a tu propio cuerpo
Cada vez que enciendes la pantalla de tu teléfono celular, caminas por la calle o simplemente respiras, estás usando el mismo truco de la naturaleza. Se trata de un proceso químico fundamental llamado reacción redox, un nombre corto para la reducción y la oxidación. Aunque suene a laboratorio cerrado, es un evento cotidiano que ocurre a nivel microscópico y consiste, básicamente, en un juego de pasarse la pelota, donde la pelota es un electrón.
En este juego químico participan siempre 2 bandos obligatorios. El primer bando es el elemento que se oxida, lo que significa que pierde electrones durante el proceso. El segundo bando es el elemento que se reduce, lo que significa que gana esos mismos electrones que el otro soltó. Es un trato simultáneo porque los electrones no pueden quedarse flotando en la nada, si uno los pierde, el otro los tiene que recibir de inmediato.
El ejemplo más fácil de observar en el día a día ocurre cuando dejas un pedazo de hierro bajo la lluvia. El oxígeno del aire tiene un hambre voraz de electrones y se los quita salvajemente al metal. El hierro se oxida, pierde su brillo, cambia de color y se debilita hasta convertirse en ese polvo rojizo tan común. En este caso, el hierro perdió electrones y el oxígeno los ganó.
Pero este fenómeno no solo sirve para destruir cosas, de hecho, la tecnología humana y la biología dependen por completo de él. Las baterías de los automóviles y de los teléfonos móviles usan este intercambio controlado de partículas dentro de un contenedor cerrado. Al obligar a los electrones a viajar a través de un cable conductor desde el elemento que los pierde hasta el que los gana, generamos la corriente eléctrica que enciende los circuitos.
A nivel biológico, tus células realizan este proceso de manera constante desde hace millones de años. Cuando comes, tu cuerpo descompone los nutrientes y les arranca electrones para pasárselos al oxígeno que inhalas al respirar. Esta transferencia controlada libera la energía química necesaria para que tu corazón bombee sangre y tus músculos se muevan. Sin este flujo continuo de energía, la vida compleja simplemente sería imposible en nuestro planeta.
— Aetherius Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso.
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