La "mano negra" en la red social X: ¿Los gobiernos nos siguen vigilando y censurando?
Cuando Elon Musk compró Twitter y le cambió el nombre a X, prometió que la plataforma se convertiría en el refugio de la libre expresión y que se acabarían las garras del poder político sobre nuestras publicaciones. Sonaba muy bien en el papel. Sin embargo, el poder es un hueso duro de roer. Si hoy nos sentamos a revisar los datos fríos, la realidad nos dice otra cosa: la famosa "mano negra" de los gobiernos no ha desaparecido; simplemente se ha cambiado de guantes.
Para entender este estira y afloja actual entre los gobernantes y la red social, no hace falta especular ni creer en teorías de conspiración. Los números y los hechos están a la vista de cualquiera que se ponga a revisar los informes de transparencia de la propia empresa y los registros judiciales internacionales.
El primer gran cambio está en el nivel de obediencia de la plataforma. Durante los primeros meses de l
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Cuando Elon Musk compró Twitter y le cambió el nombre a X, prometió que la plataforma se convertiría en el refugio de la libre expresión y que se acabarían las garras del poder político sobre nuestras publicaciones. Sonaba muy bien en el papel. Sin embargo, el poder es un hueso duro de roer. Si hoy nos sentamos a revisar los datos fríos, la realidad nos dice otra cosa: la famosa "mano negra" de los gobiernos no ha desaparecido; simplemente se ha cambiado de guantes.
Para entender este estira y afloja actual entre los gobernantes y la red social, no hace falta especular ni creer en teorías de conspiración. Los números y los hechos están a la vista de cualquiera que se ponga a revisar los informes de transparencia de la propia empresa y los registros judiciales internacionales.
El primer gran cambio está en el nivel de obediencia de la plataforma. Durante los primeros meses de la nueva administración, X comenzó a aprobar más del 80% de las solicitudes de censura y eliminación de contenido que le enviaban los gobiernos de países como India o Turquía. La razón detrás de esto es puramente comercial: para que la aplicación no sea bloqueada por completo en esos mercados gigantescos, la empresa prefiere agachar la cabeza y cumplir con las leyes locales de cada país, aunque eso signifique silenciar a periodistas u opositores políticos. Tan solo en la primera mitad del año 2024, el número de cuentas suspendidas de manera global se triplicó, alcanzando la alarmante cifra de 5.3 millones de perfiles apagados.
La conclusión es clara y demostrable. Los gobiernos no han dejado de presionar a las redes sociales privativas porque saben el poder que tienen para moldear y manipular la opinión pública.
A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso
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